— ¿Estás seguro de que esta mermelada hay que tomarla así?
— Segurísimo. Me han enviado un e-mail con las instrucciones. Viene con fotos y todo. Dicen que es la mejor forma y que está buenísima. Hay muchos testimonios que lo confirman.
— No sé, no sé...
— Anda, no seas tonta, vamos a probarla. Mira, yo te tengo que poner un poco aquí... aquí... yyyyyyyyy... por aquí...
— ¡Uyyy! ¡Qué calentita y pegajosa está!
— Será cosa de los arándanos. Toma el bote, que ahora te toca a ti.
— ¡Ah, claro! Y yo te la extiendo por... ¡Haaaaala! No voy a tener suficiente.
— Ya. Es que no me conocen. Deberían haber mandado un par de cajas por lo menos. ¡Y con lo golosa que eres, además! Tú haz lo que puedas...
— Vale... vale... ¿Lo hago bien así?
—...lo... estás... haaaaa... aaaaaaa... ciendo... mu...muyyyyy... bien...
— Pues ya está. ¿Empezamos? ¡Un momento! ¿Y la mantequilla, para qué la has traído?
— ¡Ah, sí! (¡Buuuuf!)... para que podamos bailar el tango.
— ¿También te han explicado eso por e-mail?
— No, lo vi en una película.
— ¿Y cómo se usa?
— Esta noche te cuento. Ahora vamos a disfrutar de la mermelada, que tiene una pinta... ¡y hay que comérsela toda, eh!
****************
¿Qué más queréis que os diga? Añado mi testimonio a los ya escritos en estas mismas páginas. La mermelada de arándanos de El Sendero del Agua es una delicia. Simplemente exquisita. Pura lujuria. ¿Seguro que no está prohibida?